Ayer, pude disfrutar de una gran tarde campeando a podencos andaluces y manetos. La tarde comenzó cuando Santiago, amigo mío desde hace ya algunos meses, vino a recogerme a la puerta de mi casa con su coche para ir hacía las perreras de Alber, un amigo suyo del cual eran los perros.
Nada más llegar a la perrera, pude contemplar varios pointer con muy buen porte que los sacaban sus respectivos dueños para darles un paseo, y que se fuesen moviendo; unos minutos después, un muchacho llevaba en el brazo un ave rapaz, que no fui capaz de reconocer ya que todavía no era adulto y no tenía las plumas que le corresponden.
Después de esperar un ratito, charlando con Santiago, como no, de caza, llegaron Alber y su hermano Iván. Tras saludarnos, fuimos a por los perros para meterlos en el remolque, llevamos 9 perros si mal no recuerdo, quedándose una hembra que está apunto de parir y tres cachorrillos de 4 meses en la perrera. Una vez estaba todo listo, partimos hacía el lugar del campeo.
El viaje duró en torno a los 20 minutos, y cuando llegamos al arroyo, estaba esperando un chaval llamado David, conocido por todos, menos por mí.
Sacamos la artillería pesada del carro y salieron como locos para el arroyo; al principio, estaban muy nerviosos y poco concentrados en lo que de verdad tenían que estar, pero con el tiempo se fueron centrando. Al minuto de meterse los perros en el arroyo, sacaron una codorniz, y poco después, otra. Unos 100 metros más adelante, se escucha a los perros de latir, aunque ciertamente, poco y de golpe y porrazo, sale el lagomorfo a toda pastilla hacía lo descubierto, aunque tras darle varios revolcones los perros consiguió escaparse. En este momento, fue cuando pude comprobar con la alegría que viven la caza Iván, Santiago y sobre todo David. Por el contrario, Alber y yo somos más callados, que no por ello, disfrutamos menos.
Seguimos el arroyo adelante y se sucedían levantamientos de codornices y conejos que poco después de verse, se metían a las madrigueras, no pudiendo los perros correrlos. Pero todavía quedaba mucho rato y… de repente sale un conejo que se va hacia los pastos ya cortados a toda leche, los perros salen detrás y el conejo se pierde en el horizonte.
Tras otros 2 o 3 levantamientos de codornices, se levantó otro conejo que salió a lo claro, pero enseguida se ocultó en la madriguera. Después de esto, seguimos caminando y llegamos a unas cañas, en las cuales se movieron 4 o 5 conejos y lo más alegre fue ver, como una cachorra de 7 o 8 meses, enganchó por las patas traseras a un conejo y tras el tira-afloja de ambos, consiguió escaparse este último.
Cuando nos volvíamos arroyo atrás, se movió algún que otro conejo pero no se consiguió observar ningún lance un poquito largo. Cuando ya nos veníamos, los perros levantaron dos codornices más.
Por mi parte, tengo que decir que me lo pasé de muerte. Me encantó compartir con estas personas la afición que todos tenemos en común y más cuando es con la raza de perros que nos gusta.
Por otro lado, me quede con dos puntazos:
-Paloma, una perra blanca preciosa que se movía bastante bien, aunque al haber tanta gente lo acusó, según dicen los que la conocen.

-Pelusa, una perra ya adulta que se movía muy pero que muy bien. La verdad, es que daba gusto verla. En estas fotos aunque no se aprecie, la perra estaba metida dentro de la zarza, de todas formas os pongo otra para que la podáis ver.


Artículo redactado por: Juan Carlos Calvo (juanillo23)
Escrito por juanillo23 