El segundo día de caza en Extremadura, fue un poquito tristón, veréis:

A las 7:30 habíamos quedado Domingo, sus dos hermanos (Tomy y José) y yo, con Lupas y Pellica, además venía Santiago, un chaval de mi edad, que va de morralero, como yo, en las perreras de “los hermanos”.
Recogimos todos los perros, los acomodamos en el carro y tras una parada para comprar el pan, cogimos el camino hacía el coto que está situado en Rosalejo (hasta ahora el mejor con el que contaban). Cuando llegamos, nos pareció raro que por los caminos no viésemos conejos, normalmente se les ve corriendo hacia su refugio, bueno, no nos preocupamos.
Cómo era el primer día que se podía cazar en aquel coto y había mucha gente, decidimos cambiar el lugar en el que íbamos a cazar, en vez de ir a cazar donde siempre (estaba lleno de gente) decidimos quedarnos más atrás, en un trozo que hay de escobas bastante bueno para los conejos.
Sacamos a los perros del carro, y nos dispusimos a andar por el monte, como anécdota decir que era el primer día que Luck iba de caza, nada más salir empezó a meter ladridos, que se continuaron con algunas pausas hasta que acabo la mañana, no sabemos por qué, pero era el primer día y el perro iba más a jugar que a cazar.

Tras unos 10 minutos andando, dio la cara la primera perdiz, que abatió Pellica de un tiro.
Seguimos caminando, un rato después nos empezamos a “mosquear”, es el primer día de caza y todavía no se ha visto ni un conejo, el año pasado a estas alturas se habían visto 7 o 8, que raro…
Seguimos caminando con la misma ilusión que empezamos, que venía a ser mucha, porque ese coto cada año iba a más en cuanto a las poblaciones de conejo se refiere. Al no ver ningún conejo, empezamos a sacar cada uno, nuestras conclusiones, pero todos coincidíamos en una, aquí no hay ni un conejo… A todos nos resultaba extraño, porque había madrigueras por todos lados, más que nunca, “cagarruteros” viejos a montones pero nuevo no había nada. Las enfermedades no podían ser, porque siempre quedan conejos y además, quedarían rastros de los conejos muertos por las enfermedades.
Cambiamos el sentido, a ver si era esa zona, pero nada, tampoco se veía nada en cuanto a conejos se refiere, liebres se vieron dos lejísimos y un zorro, que con la agudeza que les caracteriza, se paso al coto colindante.
Yo, que iba detrás de mi amigo Domingo, íba hablando todo el rato sobre lo que había sucedido, era muy extraño, no había conejos por ningún lado, ni rastros frescos, pero viejos había un montón.
Tiros, no estábamos escuchando ni un 5% que el año pasado, total, que íbamos con una desilusión…
Cogimos, un arroyo hacia adelante y nos dirigimos hacía el coche, Domingo, Lupas, y yo para tomar el almuerzo. Los demás se fueron por el otro lado del arroyo, y mientras nosotros estábamos en el coche esperando a que llegaran, consiguieron ver un conejo y una perdiz, a las que dispararon pero no se pudieron quedar con ellas. Cuando regresaron al coche, disfrutamos de lo mejor de la mañana, el almuerzo en el campo, porque en cuanto a el coto llevábamos una desilusión tremenda, nosotros sacamos una conclusión de lo que había pasado allí con los conejos, pero, eso lo quedo “al libre albedrío” de cada lector.
Cuando acabamos de almorzar, y tras hablar con varias personas del coto a las que les había pasado lo mismo que a nosotros, decidimos irnos para casa, con las orejas gachas y el rabo entre las piernas, ya que, el no ver poca caza nos hubiera dado igual, porque no estamos acostumbrados a ver mucha, pero el hecho de saber que había hace poco y que ahora no hay nada, te frustra.
Cómo dirían Manolo y Benito: otro sitio más al que no podemos venir…
Aquí os dejo unas fotos de ese día y de ese coto.




Artículo redactado por: Juan Carlos Calvo (juanillo23)